Carta 10 a Gioia

Querida Gioia

Tengo la sensación de que esta semana he de escribirte más bien poco. He tenido menos clases que la semana anterior. Fui a predicar y fui a Berlín para comprar botas de invierno… Hacía frío, quedé algo enferma.

Tuve mala suerte con las botas, pues son incómodas y yo no me di cuenta cuando las compré, luego fui a comprar otras, pero esta vez en Cottbus, y confío en poder cambiar o devolver las primeras en Berlín; pero las otras también tienen un defecto y debo ir luego a por un mismo par que no tenga defecto porque el modelo es súper cómodo. Suena vano pero en realidad es una cosa seria tener las botas apropiadas. Lo pude experimentar en la predi en poco más de dos horas con -3°C, o sea, dejas de sentir los dedos dentro del zapato. 

 Por otro lado, Gioia, aquí el clima puede llegar a ser una cuestión de percepciones o de estar vestido con la ropa apropiada; a veces hace frío y no lo sientes, porque estás acostumbrado. El otro día salí a la calle y hacía 1 grado y me dije: “Oh, no está tan mal” , y pude ir a la uni en bicicleta.

Cambiando de tema, te comento que he estado escuchando sólo artistas chinos, Wang Lee Hom, David Tao, Cyndi Wang… No sé si la semana que sigue vuelvo a los clásicos o ya me quedo con algo de pop. Tú, ya sabes lo que siento por la música clásica, Gioia, pero por cierto no te he contado nada de mi relación con la música pop. Supongo que proviene del remanente perdido de mi adolescencia, cuando solía pasar mucho tiempo escuchando la radio y grabando las canciones que me gustaban, porque obviamente nunca habría podido comprar discos nuevos; eran muy caros. Y sin embargo una vez ahorré dinero y compré un CD original, el disco “made in heaven” de Queen y se lo regalé a mi hermana, quien llegó a coleccionar toda la obra de Freddie Mercury.

Hoy día, he descubierto que la música pop, al menos la china, me pone de buen humor, y con algunas lecturas horribles de antropología que me ha tocado analizar para mi clase de estudios culturales, creo que ha valido la pena salirme de la música clásica por unos días; además que sacamos la mejor nota en nuestra exposición sobre hegemonía cultural… la teoría de Antonio Gramsci.  “No te lo pierdas”, Gioia, uno de mis compañeros decidió utilizar un reportaje de noticias europeo que trataba el caso de las mujeres venezolanas que se operan los senos porque quieren verse como las maniquíes de las vitrinas, porque en el fondo sienten que desean tener el estatus de una “modelo”, así como las modelos venezolanas que han ganado los certámenes de belleza. Yo tuve que conducir la discusión y comencé diciendo que aunque soy venezolana no formo parte de ese colectivo enloquecido de mujeres tontas que paga millones por operarse. Todos rieron, claro…  Pero la discusión estuvo interesante, estuvimos hablando sobre los patrones de belleza y sobre aquellos elementos que realmente hacen que una persona sea hermosa o sea considerada hermosa en la sociedad. 

Déjame decirte que aquí en Europa muchas, muchas personas opinan que las mujeres latinas se maquillan demasiado y que son superficiales, pero yo me he dado cuenta de que las iraníes y las turcas también se maquillan demasiado. Las iraníes se ponen, sobre todo, mucho delineador negro en derredor de los ojos, mientras que las turcas se ponen mucho colorete. Las alemanas critican a su vez a las italianas, y supongo que las italianas criticarán a las españolas, no estoy segura… Sería interesante, ya que últimamente me la paso leyendo tanto sobre cultura y culturas, investigar qué significado tiene el maquillaje para las mujeres que vienen de distintos contextos, aparte de lo más elemental que todos sabemos, porque nada surge de la nada, y aún el maquillaje implica necesariamente algo.

Yo, por ejemplo, me maquillo los ojos porque me parece que son muy pequeños, y al menos con un poquito de sombra y rímel me creo que me veo mejor, pero volviendo a la teoría esta sobre la hegemonía de Gramsci, yo misma debería preguntarme por qué el maquillaje hace que mis ojos se vean mejor, ¿acaso no están bien en su forma natural? Además, ¿por qué querría verme mejor y en comparación con quién? Creo que es justo lo que dice el amigo italiano: la “sociedad o la cultura” a la que uno pertenece y esos elementos con los que crecimos nos hacen creer a las niñas (al menos a las latinas, luego de ver tantas películas de Disney y de ver tanta telenovela barata cuando éramos pequeñas) que deberíamos lucir como esas princesas de las comiquitas o como las modelos bellísimas de la tele, para así sentirnos dignas de ser parte de la sociedad. Pero de hecho yo sé que la sociedad está equivocada en lo que tiene que ver con esas percepciones colectivas aún cuando en la sociedad también se hable de la “belleza interior”; y lo sé bien no sólo porque haya leído a Gramsci (a quien por cierto no conocí sino hasta ahora), sino porque he leído la Biblia; y sólo la Biblia dice la verdad en lo que tiene que ver con la verdadera belleza y para quien nosotros deberíamos hacernos “bellos”.

Aún así casi todo el tiempo me pongo algo de sombra en los ojos y rímel, y a veces hasta brillo en los labios. Y sólo cuando tengo mi maquillaje y una ropa que considero que es bonita, me siento cómoda como para tomarme fotos y sólo esas fotos utilizo para mis álbumes o quizás hasta las comparto con amigos en el Facebook, o por Email. Varias personas me dicen que soy fotogénica, pero no es cierto… Es que simplemente les enseño las mejores fotos que tengo. Inconscientemente (o peor aún, muy conscientemente) escojo lo que pienso que son las mejores fotos para compartirlas, porque deseo dar lo que creo que es “mejor” de mí, pero en realidad una foto que me tomara alguien desprevenidamente o aún que me tomara yo misma por la mañana cuando me recién levanto de la cama, debería ser tan buena como la otra, porque soy la misma persona. Se supone que la gente me quiere por la persona que soy por dentro y no por cómo me veo exteriormente; yo lo sé y trato de guiarme por el mismo principio con respecto a aquellas personas a quienes amo. A mis amigas que se maquillan demasiado, a mis amigas que no se maquillan nada, a mi hermana antes cuando solo vivía para vestirse bien y pintarse las uñas y usar sandalias preciosas mientras tácitamente me obligaba a mí a encargarme de las compras o de cocinar cada vez que teníamos asamblea…

Todas estas cosas las sé, y prefiero muchas veces escribirle cartas a mis seres queridos, porque me expreso mejor en el papel y prefiero, insisto, que se den cuenta de la persona que realmente soy a través de lo que escribo, pues sólo con palabras logro exteriorizar lo que realmente hay dentro de mí, cuando al mismo tiempo nadie lo vería en mi exterior sea que esté bien o mal arreglada… Pero de nuevo, a la hora de tomarme fotos o de enviar fotos, y es más, en esos momentos en que realmente me siento muy bien y muy confiada en mí misma, aún cuando todavía no sea todo lo deportista que deseo ser, es cuando me pongo un poquito de sombra en los ojos para que así se me vean más grandes de lo que son, ¿por qué siempre tiene que parecer así aunque no lo es? No sé.

Salomón dijo varias veces en el libro de Eclesiastés que todo era vanidad y un esforzarse tras el viento. Yo puedo utilizar palabras muy inteligentes para criticar a las mujeres que participan en los concursos de belleza porque me gusta pensar que son muy bonitas pero muy poco inteligentes; a las que se maquillan demasiado (y ahora que me la paso leyendo a los académicos de estudios culturales, puedo hasta demostrar que tengo la razón)… Puedo criticar a las que se operan sobre todo para gustarle a los hombres (y es que ellos por lo general no se lo merecen porque terminan siendo infieles), a las que gastan cualquier cantidad de dinero en cosas de marca, a la rusa de mi clase que pone sus fotos sexys en el facebook, a las que son marcadamente ególatras y a las que piensan que son mejores que el resto de nosotras porque tienen las medidas de una modelo o porque tienen muchos pretendientes, pero en un grado quizá muy inferior yo también soy vanidosa y soy tonta, y no me gusta tomarme fotos a menos que no me haya revisado cómo tengo el rostro y si llevo mi sombra en los ojos. O sea, ellas también podrían criticarme a mí y tendrían razón. Y el tal Antonio Gramsci cuando hablaba de la hegemonía cultural y de ese “alguien” detrás de bastidores, quien infunde y difunde la idea de lo que debe ser, y el resto de nosotros simplemente lo aceptamos sin darnos cuenta hasta el grado que creemos que es idea nuestra, tiene razón. Antonio Gramsci tiene razón.

Puedes regañarme y corregirme, Gioia, cuando pienses que estoy criticando demasiado a los demás, como si yo fuera una santa o como si fuera tan diferente que compongo lo que Gramsci llamaría una subcultura, o sea, un grupo apartado de las masas, total y absolutamente rebelado contra los estándares o patrones sociales normales. Recuérdame la sombra de los ojos, porque yo no soy diferente de ellos; ni soy diferente de las mujeres que se maquillan demasiado. Yo también me maquillo, sólo que por lo general, necesito muy poco maquillaje.

Y aún cuando critico a la gente que se hace daño a sí misma con drogas o con cualquier serie de conductas disfuncionales o a los que de verdad creen que gobiernos humanos podrán traer algo de paz y de beneficios a otros humanos, yo estoy equivocada. Y no debo criticar a nadie porque todos sin excepción somos muy imperfectos y estamos bajo el poder hegemónico de la cultura que nos ha visto nacer, y eso no lo podemos evitar. Cuando mucho podemos dejarnos guiar por la palabra de Dios (los que somos cristianos) para hacernos “mejor” delante de los ojos de Dios, pero apartando eso, no hay absolutamente nada que criticar y hay más bien pocas cosas que uno deba imitar.

Reconozco que soy adicta a las sombras y al rímel, así como soy adicta a los bolígrafos y a las Taschentücher. Y mi única excusa para ello es decir que soy humana; así somos los humanos, imperfectos, frágiles y atados a ciertos estereotipos que no podemos controlar o modificar.

Me despido, Gioia, porque para variar estoy atrasada con mis lecturas y la semana que viene debo entregar un ensayo sobre Materialismo cultural. Uno de estos académicos empedernidos describió a la sociedad como una superestructura donde lo que importa es conseguir las herramientas para hacer que sigan funcionando los “métodos de producción y reproducción” de las masas… O sea, un discurso así como una mezcla de Adous Huxley, Karl Marx, Isaac Asimov y Steven Spielberg. Cuando mi hijo sea adulto, estoy segura de que le va a gustar leer sobre estos temas tan fritos. 

Se despide agotada,

Elea Theodore

P.d. Te mando un par de fotos recientes, para que te fijes bien en el maquillaje, je je.  En la foto del medio estoy con Eleana y Maja en nuestra clase de cultura.

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