Carta 11 a Gioia

Querida Gioia

Regresando del automercado esta semana, sucedió que no até bien un paquete de 8 manzanas que había comprado porque estaban de oferta y se me cayeron cuando crucé una calle en mi bicicleta. Me di cuenta al llegar a casa, una cuadra luego… Oh nein!!! Decidí devolverme por mis manzanas, pero como se habían caído casi que en medio de la calle, ya habían pasado los autos y aplastaron más de la mitad de ellas. Pude salvar sólo 2, y recoger el paquete de cartón y cobertor de hule con el que venían porque aquí la ciudad es muy limpia, y me remordía la consciencia dejar todo el desastre allí. El puré de manzanas en la vía no tenía remedio y supuse que cuando lloviera, se terminarían de disolver.

Me dio lástima, ¿sabes? Porque hoy día hay guerra en Siria, y un conflicto horrendo en Mali sobre el cual he estado investigando para mi exposición sobre los derechos humanos. Y en esos países, así como en muchos otros, hay mucha gente pasando hambre. En Venezuela hay escaseces y todo es muy caro. En Minnesota y Wisconsin donde están mis hermanas adoptivas hay de sobra, pero no siempre fresco y no siempre sano. Aquí en Alemania, en cambio, la economía es muy estable y los alimentos son muy accesibles, aunque los más sanos también salen caros.

Me devolví a casa triste por haber perdido las manzanas. 😦 😦

Además de eso, debo reportarte que ya comenzó a caer la nieve sobre Cottbus. Por dos o tres días tuvimos una tormenta, aunque no alarmante; aún así yo me quedé encerrada en casa dos de esos días, porque ya he manejado bicicleta con esa brisa de la tormenta y debo estar más flaca porque el viento literalmente casi que me lleva con todo y bicicleta! Pues así de fuerte es…

En lo que tiene que ver con la música, te comento que aparte del pop chino, el resto de la musiquita pop que he escuchado, pues como que me ha dejado inconforme:  vi un programa british de cantantes en Youtube, un concurso de varias sesiones… terminé con dolor de cabeza… Demasiados aplausos.

Ahora que te escribo escucho el concierto de Aranjuez de Rodrigo y eso me hace sentir mejor. Creo que ya es hora de volver a mis clásicos. Me ayudan a concentrarme totalmente para cualquier tipo de estudio que haga.

Me despido, Gioia.

Extraño hablar con mi hijo, con mi primo, con mi hermana y con Paris. Pero estaré bien.

Siempre que siento algo de melancolía recuerdo la montaña del Ávila, el único lugar que me inspira en Caracas, y soy feliz de nuevo. Una vez hasta nos tomamos un baño en uno de los pozos fríos del corazón de la montaña, el agua como en 8 grados… Wow!

Te dejo una foto de la nieve sobre los techos de la fábrica de vidrios que está frente a mi casa, y que no funciona, por cierto… Aquí en Cottbus hay cualquier cantidad de edificios abandonados y por eso y por la falta de empleo la ciudad parece medio fantasmal, ja ja ja! Ah, Gioia, pero de hecho, a mí me gusta esta ciudad así. Precisamente ese es su mayor encanto, que no tiene mucha gente y nunca se hacen colas.

Quien te quiere,
Elea Theodore

p.d. También una foto de un par de autos congelados por la mañana… Son los carros de mis vecinos a quienes ni siquiera conozco pero me caen muy bien.
Otra ventaja de vivir aquí, uno nunca tiene problemas con los vecinos: no los conoce, no los ve pasar y, la mejor parte, nunca los escucha, excepto una que otra madrugada cuando suben las escaleras, son vecinos excelentes…

Carta 10 a Gioia

Querida Gioia

Tengo la sensación de que esta semana he de escribirte más bien poco. He tenido menos clases que la semana anterior. Fui a predicar y fui a Berlín para comprar botas de invierno… Hacía frío, quedé algo enferma.

Tuve mala suerte con las botas, pues son incómodas y yo no me di cuenta cuando las compré, luego fui a comprar otras, pero esta vez en Cottbus, y confío en poder cambiar o devolver las primeras en Berlín; pero las otras también tienen un defecto y debo ir luego a por un mismo par que no tenga defecto porque el modelo es súper cómodo. Suena vano pero en realidad es una cosa seria tener las botas apropiadas. Lo pude experimentar en la predi en poco más de dos horas con -3°C, o sea, dejas de sentir los dedos dentro del zapato. 

 Por otro lado, Gioia, aquí el clima puede llegar a ser una cuestión de percepciones o de estar vestido con la ropa apropiada; a veces hace frío y no lo sientes, porque estás acostumbrado. El otro día salí a la calle y hacía 1 grado y me dije: “Oh, no está tan mal” , y pude ir a la uni en bicicleta.

Cambiando de tema, te comento que he estado escuchando sólo artistas chinos, Wang Lee Hom, David Tao, Cyndi Wang… No sé si la semana que sigue vuelvo a los clásicos o ya me quedo con algo de pop. Tú, ya sabes lo que siento por la música clásica, Gioia, pero por cierto no te he contado nada de mi relación con la música pop. Supongo que proviene del remanente perdido de mi adolescencia, cuando solía pasar mucho tiempo escuchando la radio y grabando las canciones que me gustaban, porque obviamente nunca habría podido comprar discos nuevos; eran muy caros. Y sin embargo una vez ahorré dinero y compré un CD original, el disco “made in heaven” de Queen y se lo regalé a mi hermana, quien llegó a coleccionar toda la obra de Freddie Mercury.

Hoy día, he descubierto que la música pop, al menos la china, me pone de buen humor, y con algunas lecturas horribles de antropología que me ha tocado analizar para mi clase de estudios culturales, creo que ha valido la pena salirme de la música clásica por unos días; además que sacamos la mejor nota en nuestra exposición sobre hegemonía cultural… la teoría de Antonio Gramsci.  “No te lo pierdas”, Gioia, uno de mis compañeros decidió utilizar un reportaje de noticias europeo que trataba el caso de las mujeres venezolanas que se operan los senos porque quieren verse como las maniquíes de las vitrinas, porque en el fondo sienten que desean tener el estatus de una “modelo”, así como las modelos venezolanas que han ganado los certámenes de belleza. Yo tuve que conducir la discusión y comencé diciendo que aunque soy venezolana no formo parte de ese colectivo enloquecido de mujeres tontas que paga millones por operarse. Todos rieron, claro…  Pero la discusión estuvo interesante, estuvimos hablando sobre los patrones de belleza y sobre aquellos elementos que realmente hacen que una persona sea hermosa o sea considerada hermosa en la sociedad. 

Déjame decirte que aquí en Europa muchas, muchas personas opinan que las mujeres latinas se maquillan demasiado y que son superficiales, pero yo me he dado cuenta de que las iraníes y las turcas también se maquillan demasiado. Las iraníes se ponen, sobre todo, mucho delineador negro en derredor de los ojos, mientras que las turcas se ponen mucho colorete. Las alemanas critican a su vez a las italianas, y supongo que las italianas criticarán a las españolas, no estoy segura… Sería interesante, ya que últimamente me la paso leyendo tanto sobre cultura y culturas, investigar qué significado tiene el maquillaje para las mujeres que vienen de distintos contextos, aparte de lo más elemental que todos sabemos, porque nada surge de la nada, y aún el maquillaje implica necesariamente algo.

Yo, por ejemplo, me maquillo los ojos porque me parece que son muy pequeños, y al menos con un poquito de sombra y rímel me creo que me veo mejor, pero volviendo a la teoría esta sobre la hegemonía de Gramsci, yo misma debería preguntarme por qué el maquillaje hace que mis ojos se vean mejor, ¿acaso no están bien en su forma natural? Además, ¿por qué querría verme mejor y en comparación con quién? Creo que es justo lo que dice el amigo italiano: la “sociedad o la cultura” a la que uno pertenece y esos elementos con los que crecimos nos hacen creer a las niñas (al menos a las latinas, luego de ver tantas películas de Disney y de ver tanta telenovela barata cuando éramos pequeñas) que deberíamos lucir como esas princesas de las comiquitas o como las modelos bellísimas de la tele, para así sentirnos dignas de ser parte de la sociedad. Pero de hecho yo sé que la sociedad está equivocada en lo que tiene que ver con esas percepciones colectivas aún cuando en la sociedad también se hable de la “belleza interior”; y lo sé bien no sólo porque haya leído a Gramsci (a quien por cierto no conocí sino hasta ahora), sino porque he leído la Biblia; y sólo la Biblia dice la verdad en lo que tiene que ver con la verdadera belleza y para quien nosotros deberíamos hacernos “bellos”.

Aún así casi todo el tiempo me pongo algo de sombra en los ojos y rímel, y a veces hasta brillo en los labios. Y sólo cuando tengo mi maquillaje y una ropa que considero que es bonita, me siento cómoda como para tomarme fotos y sólo esas fotos utilizo para mis álbumes o quizás hasta las comparto con amigos en el Facebook, o por Email. Varias personas me dicen que soy fotogénica, pero no es cierto… Es que simplemente les enseño las mejores fotos que tengo. Inconscientemente (o peor aún, muy conscientemente) escojo lo que pienso que son las mejores fotos para compartirlas, porque deseo dar lo que creo que es “mejor” de mí, pero en realidad una foto que me tomara alguien desprevenidamente o aún que me tomara yo misma por la mañana cuando me recién levanto de la cama, debería ser tan buena como la otra, porque soy la misma persona. Se supone que la gente me quiere por la persona que soy por dentro y no por cómo me veo exteriormente; yo lo sé y trato de guiarme por el mismo principio con respecto a aquellas personas a quienes amo. A mis amigas que se maquillan demasiado, a mis amigas que no se maquillan nada, a mi hermana antes cuando solo vivía para vestirse bien y pintarse las uñas y usar sandalias preciosas mientras tácitamente me obligaba a mí a encargarme de las compras o de cocinar cada vez que teníamos asamblea…

Todas estas cosas las sé, y prefiero muchas veces escribirle cartas a mis seres queridos, porque me expreso mejor en el papel y prefiero, insisto, que se den cuenta de la persona que realmente soy a través de lo que escribo, pues sólo con palabras logro exteriorizar lo que realmente hay dentro de mí, cuando al mismo tiempo nadie lo vería en mi exterior sea que esté bien o mal arreglada… Pero de nuevo, a la hora de tomarme fotos o de enviar fotos, y es más, en esos momentos en que realmente me siento muy bien y muy confiada en mí misma, aún cuando todavía no sea todo lo deportista que deseo ser, es cuando me pongo un poquito de sombra en los ojos para que así se me vean más grandes de lo que son, ¿por qué siempre tiene que parecer así aunque no lo es? No sé.

Salomón dijo varias veces en el libro de Eclesiastés que todo era vanidad y un esforzarse tras el viento. Yo puedo utilizar palabras muy inteligentes para criticar a las mujeres que participan en los concursos de belleza porque me gusta pensar que son muy bonitas pero muy poco inteligentes; a las que se maquillan demasiado (y ahora que me la paso leyendo a los académicos de estudios culturales, puedo hasta demostrar que tengo la razón)… Puedo criticar a las que se operan sobre todo para gustarle a los hombres (y es que ellos por lo general no se lo merecen porque terminan siendo infieles), a las que gastan cualquier cantidad de dinero en cosas de marca, a la rusa de mi clase que pone sus fotos sexys en el facebook, a las que son marcadamente ególatras y a las que piensan que son mejores que el resto de nosotras porque tienen las medidas de una modelo o porque tienen muchos pretendientes, pero en un grado quizá muy inferior yo también soy vanidosa y soy tonta, y no me gusta tomarme fotos a menos que no me haya revisado cómo tengo el rostro y si llevo mi sombra en los ojos. O sea, ellas también podrían criticarme a mí y tendrían razón. Y el tal Antonio Gramsci cuando hablaba de la hegemonía cultural y de ese “alguien” detrás de bastidores, quien infunde y difunde la idea de lo que debe ser, y el resto de nosotros simplemente lo aceptamos sin darnos cuenta hasta el grado que creemos que es idea nuestra, tiene razón. Antonio Gramsci tiene razón.

Puedes regañarme y corregirme, Gioia, cuando pienses que estoy criticando demasiado a los demás, como si yo fuera una santa o como si fuera tan diferente que compongo lo que Gramsci llamaría una subcultura, o sea, un grupo apartado de las masas, total y absolutamente rebelado contra los estándares o patrones sociales normales. Recuérdame la sombra de los ojos, porque yo no soy diferente de ellos; ni soy diferente de las mujeres que se maquillan demasiado. Yo también me maquillo, sólo que por lo general, necesito muy poco maquillaje.

Y aún cuando critico a la gente que se hace daño a sí misma con drogas o con cualquier serie de conductas disfuncionales o a los que de verdad creen que gobiernos humanos podrán traer algo de paz y de beneficios a otros humanos, yo estoy equivocada. Y no debo criticar a nadie porque todos sin excepción somos muy imperfectos y estamos bajo el poder hegemónico de la cultura que nos ha visto nacer, y eso no lo podemos evitar. Cuando mucho podemos dejarnos guiar por la palabra de Dios (los que somos cristianos) para hacernos “mejor” delante de los ojos de Dios, pero apartando eso, no hay absolutamente nada que criticar y hay más bien pocas cosas que uno deba imitar.

Reconozco que soy adicta a las sombras y al rímel, así como soy adicta a los bolígrafos y a las Taschentücher. Y mi única excusa para ello es decir que soy humana; así somos los humanos, imperfectos, frágiles y atados a ciertos estereotipos que no podemos controlar o modificar.

Me despido, Gioia, porque para variar estoy atrasada con mis lecturas y la semana que viene debo entregar un ensayo sobre Materialismo cultural. Uno de estos académicos empedernidos describió a la sociedad como una superestructura donde lo que importa es conseguir las herramientas para hacer que sigan funcionando los “métodos de producción y reproducción” de las masas… O sea, un discurso así como una mezcla de Adous Huxley, Karl Marx, Isaac Asimov y Steven Spielberg. Cuando mi hijo sea adulto, estoy segura de que le va a gustar leer sobre estos temas tan fritos. 

Se despide agotada,

Elea Theodore

P.d. Te mando un par de fotos recientes, para que te fijes bien en el maquillaje, je je.  En la foto del medio estoy con Eleana y Maja en nuestra clase de cultura.

Carta 9 a Gioia

Queridísima Gioia:

Te comento que esta semana he estado pensando básicamente en dos temas disímiles.

1) El impacto que tiene la propaganda en la conducta de las masas, en vista de que estamos escribiendo un ensayo al respecto en nuestra clase de cultura.

2) Cómo hacer para practicar más deporte en un invierno que oscila entre 7 y -20 grados centígrados.

¿Te gustaría ayudarme con esto último?

No, mejor no.

En cambio, querida Gioia, deseo compartir contigo unos pensamientos que me han rondado en la cabeza ahora que soy estudiante de nuevo, y además observando el comportamiento de mis compañeros, que como ya te conté antes, son gente de todas partes del mundo, con una variedad de antecedentes que da gusto husmearles la vida.

Por cierto, Tim, el nerd de mi clase, estudió un pregrado que se llama “cultura y tecnología”. Cuando me dijo yo de inmediato le pregunté: “¿Y eso para qué sirve?”, y él, claro, buena gente y todo, se sonrió y se encogió de hombros, como si también se estuviera haciendo esa pregunta, pero luego pasó a resumir un poco de qué iban sus estudios, y aunque no lo dijimos, llegamos a la conclusión de que precisamente por la reacción que causa el mismísimo tema de su título, ahora está haciendo esta maestría con nosotros. Lamentablemente en el futuro, mucha gente le preguntará lo mismo respecto a la maestría…. ¿Y eso para qué sirve? Estudios patrimoniales de la humanidad…. ¡Qué aburrido!

Muchos pensarán que pertenecemos a la rama de los humanistas come flor, y que con eso no ganamos dinero, y tendrán razón.

Es triste; yo en Venezuela estudié una carrera come flor, y en Alemania también estoy estudiando otra carrera come flor. Supongo que es mi destino…

Tim, sin embargo, parece más amable y abierto de lo que yo creía. Un día llegué con una bolsa de Gummibärchen a la clase de gerencia, y le ofrecí a él y lo recibió como quien estaba muriendo de hambre, con una mirada infinitamente agradecida. Desde entonces me saluda y me sonríe de vez en cuando.

Pero me estoy desviando del tema, Gioia, he aquí lo que quería compartir contigo. Lo he titulado: “Guía para convertirse en mal estudiante, deseando ser un buen estudiante”. Como diría mi amigo Rogers: “No te lo pierdas”…. Ja ja aja

Guía para convertirse en mal estudiante, deseando ser un buen estudiante

Ten top rules

1.       Cuando tengas que escribir un artículo sobre un texto, léelo el día anterior. Te quedarás despierto hasta la 1 de la mañana, quizás hasta las 2. Garantizado.

2.       En clase, en vez de prestar atención, chatea con algún amigo en tu teléfono silenciado, por supuesto; o métete en tu computadora y lee otras cosas de otras materias, o mejor aún: en tu Facebook. ¡Clásico!

3.       ¿Tienes tarea para el fin de semana? No hay problema… Acepta invitaciones a jugar Dominó, UNO o algo parecido con amigos simplemente porque no pudiste decir que no, o porque no tienes idea de cuándo te podrán invitar de nuevo. No sé si te das cuenta, pero esa inversión de “tiempo” no la puedes recuperar, o al menos no de la manera que planeaste. Daah…

4.       En clase, no escuches realmente al profesor, mucho menos cuando tenga la voz monótona o habla con un acento extraño. Probablemente diga algo importante, como por ejemplo que debías anotarte para tal o cual tema de trabajo en grupo, pero tú siempre crees que te enterarás por los compañeros o en la página web de la uni, y una semana después la profesora publica la lista de exposiciones y como la clase está sobrecargada, cuando revisas por fin, resulta que no tienes grupo!!!! ¡Pánico! La profesora, que no es tonta, te mira con un gesto suspicaz y dice: “eso lo dije la semana pasada”, o “la semana anterior”, que es peor… En lenguaje coloquial venezolano: Toma tu tomate.

5.       Cuando tengas algo que imprimir para tal clase, déjalo también para última hora, como típica venezolana que eres. Aunque vayas en el break entre clase y clase a la biblioteca, para imprimir, justo porque tienes el tiempo exacto, porque no quisiste salir de tu casa el día anterior, habiéndolo tenido libre, entonces la computadora no reconocerá el formato de Word y no podrás imprimirlo. Punto. Con certeza querrás matar alguien, pero ese alguien eres tú mismo, y no puedes… De modo que pasarás la rabieta solo. Como diría Hans: Triste… en inglés: Sad.

6.       En clase, los compañeros tienen una exposición. Tampoco los escuches a ellos, ¿para qué? Siempre te darán un “hand out” con el resumen y tú creerás que con eso es suficiente. Como diríamos también en inglés: lousy.

7.       El profesor te da el programa de todas las sesiones de la materia con respectivas fechas. En este programa aparece la bibliografía de todo lo que necesitas leer para cada sección: el profesor escanea dicho material (aún cuando no es un escaneado perfecto) y lo baja a la red universitaria a la que tienes acceso. ¡Hey! ¡No lo bajes! ¡No lo imprimas!, es más, ¡ni siquiera lo leas en casa en la computadora! Y cuando llegue el día de tal o cual clase, no participes; simplemente sonríe y haz como que no sólo entiendes, sino que ya lo sabías todo desde antes. ¡Descaro total!

8.       Acepta todas las invitaciones a salir, pasear, comer, etc, que te hagan… Todas. A fin de cuentas, tienes que ser sociable con los nuevos compañeros y tus nuevos conocidos en la ciudad, y los hermanos de la congregación, con ellos más todavía, porque son los hermanos de la congregación, desde luego eso sólo aplica para los que son testigos de Jehová. Siempre puedes usar la excusa, claro, pero es barata.   

9.       No te alimentes bien, no hagas deporte nunca, no investigues otra literatura relacionada con tus materias, aún cuando tengas internet en casa. Siempre tendrás miles de cosas que hacer en vez de seguir un estilo de vida más equilibrado, por ejemplo ir de compras, visitar museos en Berlín sólo porque la entrada es gratis, lavar la ropa, hablar por teléfono con los amigos o simplemente comprometerte con más actividades sociales de las que puedes tener, de nuevo, porque no pudiste decir que no. Terminarás como diríamos en alemán: ¡kaputt!  

10.   Esta es la mejor sugerencia de todas: no duermas casi nunca. Cédele el lugar al insomnio, siempre tendrás razones para permanecer despierto, sea que la estés pasando muy bien o todo lo contrario.

Querida Gioia, luego de leer tantas barbaridades sólo te pido que no creas que todas las saco de mi propia experiencia, un par quizás. Y confieso que me he arrepentido en polvo y cenizas.

Además, he omitido los malos hábitos de algunos de mis compañeros de clases, porque ya hablé mal del mexicano y no tengo derecho a meterme con él, todavía no le tengo tanta confianza.

Pero si quisiera ponerme seria y aprender de la moraleja de este asunto, supongo que diré que no basta con desear ser un buen estudiante, hay que “hacerlo”, y todos podemos ser buenos estudiantes, incluyendo al mexicano.

Me despido con tres fotos. Dos de lo que sería parte del centro de la ciudad de Cottbus, un día domingo, por cierto… Por eso está tan solitario. Y la otra es del grupo de estudiantes de mi postgrado en frente de nuestra biblioteca (que creo que es el edificio más famoso de Cottbus).

Con mucho cariño, reportando desde Alemania,

Elea Theodore

Carta 8 a Gioia

Carta 8

Querida Gioia:

Seré muy breve esta vez por razones poderosas.

1.       He tenido clase de nuevo el fin de semana, y siendo que siempre aparto un poquito de tiempo el fin de semana para escribirte, y ahora no lo tengo, pues… Aunque al final vuelvo a mi eterno comentario sobre la inexistencia del tiempo, pero tú me entiendes… No tengo el “momento”.

2.       Estoy triste, y no quiero contar cosas tristes. Si deseas saber por qué  estoy triste, enciende la t.v. y observa las noticias, sobre todo las que vienen de Venezuela o de las Filipinas. De hecho, esto sí puedo comentarte de mi semana… He estado algo compungida preguntándome cómo podría sentirme feliz sabiendo lo que sé sobre la crisis horrenda que hay en Venezuela o sobre ese tifón horrendo en las Filipinas… ¿Cómo puede la gente normal que se casa y tiene niños sentirse totalmente dichosos con tantas malas noticias?

Y yo estoy feliz de estar en Alemania, y por lo general hasta me estoy acostumbrando a sentirme feliz en Alemania, pero la felicidad es algo tan abstracto también, tan raro, tan difícil de medir… Además que yo no estoy acostumbrada a ser consciente de mi propia felicidad cuando existe, más bien estoy acostumbrada a las malas noticias, y como desde que tengo uso de razón en mi país siempre hay malas noticias y a medida que pasa el tiempo todo es peor y peor y peor, pues la cosa es grave, ¿ves? Es que crecí con eso. Soy venezolana.

En todo caso, querida amiga, sospecho que mejor no sigo filosofando el tema porque podría decir cosas muy negativas, y se supone que debo ser positiva; estoy trabajando en ello. Además que de verdad estoy feliz porque estoy en Alemania, pero también triste. Por ahora más triste que feliz, no sé si me entiendes.  Y lo único que hago para sobrellevar estos sentimientos es orar.

Así pues, te pido también, querida Gioia, que ores por nuestros amigos en las Filipinas y por la gente que vive en Venezuela… Es lo único que podemos hacer.

3.       Y otra razón por la que escribo poco es porque aparte del asunto de las malas noticias, no tengo nada que contar. He estado tan ocupada que no he tenido tiempo de profundizar mucho en la música que escogí para esta semana: Liszt, Mendelssohn y Schumann. De hecho, la semana pasada también venía escuchando a estos tres compositores (apenas), y decidí escucharlos también ahora porque a diferencia de Mozart, Chopin o Beethoven, ahora tengo un repertorio más amplio, pero el plan fue vano, porque no he tenido las circunstancias para escuchar nada. ¡Oh nein! Aún cuando, por cierto, se trata de una serie de piezas que van bien con mi ánimo, o sea, con todo lo dichoso que fue Mendelssohn en su vida, uno pudiera sentir que sus únicas composiciones definitivamente alegres son el “sueño de una noche de verano” y la “sinfonía italiana”, pero ambas piezas las tengo incompletas… Sad.

4.       Estoy muy cansada, Gioa. Pero al menos te comento, esto sí, que ya logré que mi internet funcionara. No yo, sino un amigo que vino a hacer la conexión con el módem… je je… Yo nunca pude lidiar con las instrucciones del alemán técnico. Pero ya todo se arregló y ya tengo internet y teléfono local en casa. Es una pena que no esté de humor para celebrarlo, pero eso me hace recordar que es importante darte mis datos de aquí, al menos lo que son mis números de teléfono y mi dirección postal, por si acaso algún día me puedes enviar una postal o una carta. Ya sé que dudamos que funcione, pues el sistema postal de Tailandia es casi tan malo como el de Venezuela, pero igual… Uno nunca sabe.

Entonces me despido con mi dirección y números telefónicos. Y ninguna foto. Lo siento… No tengo humor para sortear fotos esta vez y tampoco he tomado ninguna foto durante la semana y las viejas que tengo forman parte de una historia larga que no tengo humor para contar, por ahora. Te pido disculpas por eso. Y sigue siendo mi amiga, a pesar de mi mal humor.

Aquí están los datos.

Siempre tuya,

Elea Theodore

Dirección: Potsdamer Str. 1. 03046 Cottbus. Deutschland.

Teléfono de casa: 0049 355 52708515

Cellphone: 00049 1577 0411604