Carta 6 a Gioia

Carta n° 6 (1 Sem nov 2013)

 

Queridísima Gioia:

Esta semana, por fin, fue la semana Beethoven. Dejé la radio apagada y sólo escuché al genio alemán. Pero, por cierto, sólo tengo las sinfonías, el concierto del emperador, Claro de luna y otras 4 piezas más.

Para variar, todavía no tengo internet (lo escribo con triste resignación), así que aunque hubiese querido no habría podido escuchar nada de la red o del Youtube.

Pues bien, te comento que de todas las sinfonías de Beethoven me gustan mucho más las impares que las pares. Y durante la semana escuché la tercera sinfonía 3 veces, la quinta 5 veces, la séptima 7 veces y la novena… ¿No creerás que la escuché 9 veces, verdad?  Creo que prefiero responderte eso al final.

Lo que sí puedo mencionarte sobre Beethoven antes de cambiar de tema son tres cosas básicas:

1.       No puedo creer como tanta gente puede vivir sin saber quién fue Beethoven y sin haber escuchado a Beethoven.

2.       Cuando resucite, me gustaría mucho ser una de las primeras que lo salude y que le comente un poco todo lo que pasó durante el tiempo en que estuvo muerto.

3.       Yo te recomendé mucho que escucharas el concierto para piano n°2 de Rachmaninov, y no me dijiste si lo escuchaste, pero por cierto… si te gustó ese concierto, tienes que escuchar el concierto para piano “El Emperador”, de Beethoven. 

  

Ahora, en efecto, deseo cambiar de tema, y como hay varias cosas en las que deseo reflexionar contigo, he decidido ponerlas en viñetas distintas; esto no es que sea un método muy elegante, pero al menos tú sabrás soportarlo.

          Te comento que llegando a la maestría nos obsequiaron un material relacionado con lo que serán nuestros temas de estudio durante estos dos años, y uno de esos folletos que nos dieron es en realidad un mapa del mundo donde se muestran todos los lugares que han sido declarados patrimonio de la humanidad. Uno de ellos se llama “Pueblo histórico de Sukhothai” ¡y queda en Tailandia!!! Dime, ¿has estado allí? La foto que aparece en mi mapa revela una construcción gigantesca como una muralla desde donde cada tres o cuatro metros sale la parte delantera de un elefante gris también gigante; se ven sus patas, la cabeza y las orejas y la trompa y los colmillos; luego sigue la muralla, y luego otro elefante y así se intercalan como en un círculo, pero todo absolutamente gigante. Dime, Gioia, ¿qué significan los elefantes?

 

          Siempre me parece emocionante, Gioia, aprender algo nuevo sobre cómo viven las personas en otras partes del mundo; siempre me parece descubrir que todos somos distintos, pero cómo en el fondo somos tan iguales. Claro que esto no es una idea original, pues lo he leído en otra parte, pero de verdad te aseguro que he hecho el ejercicio de meditar en ello, y yo misma lo he descubierto. Y me he emocionado un montón como en aquel entonces, luego de leer lo que Borges concluyó sobre la existencia del “tiempo”, yo darle vueltas y vueltas y llegar por mi cuenta a la misma conclusión.

 

          Esta semana tuvimos una clase de Biodiversidad con un biólogo. El profesor, quien ha hecho miles de doctorados, nos dio una charla parcialmente aburrida sobre las distintas especies y la variedad tan amplia de plantas que tan sólo existen en Europa. Yo le pregunté en la pausa si, en vista de tener tanta certeza de una biodiversidad y, a su vez, una complejidad tan grande en la creación, no sería sensato atribuir dicha creación a una inteligencia superior, en vez de creer que todo surgió por casualidad. Él dijo que ninguna de las dos cosas, que la vida surgió del caldo prebiótico y de ciertas condiciones especiales hace incontables años, bla bla, bla… Y yo le digo: “sí, pero de dónde surgieron esas condiciones?”, y el profesor: “Del Big bang”, y yo: “Y los seres humanos, qué? ¿Usted de verdad  cree que venimos del mono?” Y el profesor: “nosotros somos monos”. Y yo: “pero todo este asunto, la teoría de la evolución y del big bang… Todo eso es una teoría”. Y el profesor: “No, es una verdad. Una verdad absoluta y reconocida”. Y yo: “No es cierto. Es una teoría, además tiene más sentido creer en un creador inteligente, usted mismo nos ha explicado bien lo complejo de la biodiversidad, detrás de todo eso hay una gran inteligencia”. Y el profesor: “no, no hay inteligencia, nosotros venimos del mono y el universo y todo lo que existe del big bang, bla bla bla”…. Así que yo me rendí porque la pausa se terminó. Pero antes de rendirme lo miré a los ojos porque quise recordar su rostro. Un hombre de más de cincuenta años, con cara de haber sido nerd toda su vida, usa lentes, ojos claros y tristes, voz apagada y aburrida, incrédulo y ciego ante lo evidente… Ha estudiado biología toda su vida y no puede verlo. Eso me pareció triste, además que todo el mundo se estaba durmiendo en clase; todo el mundo se aburre en sus clases, al final hubo comentarios. Yo, por mi parte, me quedé pensando en cómo la Biblia dice que la creación de Dios da prueba de su divinidad y de su poder sempiterno, pero aún así alguien como este biólogo, que estudia la creación, hace postgrados y doctorados, se convierte en eminencia y da charlas y escribe libros, está ciego y no puede verlo. Es más, creo que la mayoría de estos científicos ni siquiera tienen la sensibilidad de preguntarse si de verdad hay alguien más allá o cómo es o por qué estamos como estamos si de verdad existe. Eso creo que es muy triste, pero no me extraña, porque para ver a ese Creador hace falta fe, y la Biblia dice también que la fe no es posesión de la mayoría; de hecho, más bien de pocos.

 

          Andando en el Strassenbahn (algo así como un tren eléctrico que funciona atado a un cable) me consigo con un personaje digno de mencionarlo. Una mujer de más de 30 años, quizás casi cuarenta; cabello rojo bergoña intenso, pintado, obviamente, rapado del lado derecho de la sien mientras que el resto recogido en una colita hacia atrás; chaqueta blanca, vestido negro corto, medias panty decorada con diseño de los 80, tipo sicodélicas… algo así como lo que usarían las chicas de B52; uñas largas postizas, plateadas con doradas y con un diseño también sicodélico en los bordes; zarcillos cuadrados grandes y decorados con varios colores; tatuaje en el pecho; piercings en la piel que separa los orificios de las fosas nasales, y otro más encima del labio izquierdo; ojos claros, maquillaje ligeramente llamativo, bien hecho; bolso de  imitación de piel de leopardo y una cartera negra de semicuero. Llevaba dos perritas consigo, una doberman pinscher llamada Eli, sentada encima de sus piernas, y otra de otra raza pequeña acurrucada entre sus pies y el asiento del Strassenbahn, temblando de pánico, porque le da miedo viajar en el transporte público. Y yo me quedo como tonta mirando a la perrita Eli, porque es de la misma raza que Paris, la perrita de mi hermana, y yo amo a Paris. Y la mujer, de lo más amable, me permite acariciar a su perrita y hasta conversó conmigo sobre las mascotas hasta que le llegó su parada y tuvo que bajarse. Yo suspiré conmovida porque siempre me gusta recordar a Paris, quien se muere de  amor por mí, y además porque a pesar de lo que mucha gente piensa, yo sigo corroborando que aunque en Alemania hay de todo, la mayoría de los alemanes son más bien amables, y capaces perfectamente de conversar con uno en el transporte público.

 

          Esta semana tuvimos un taller sobre cuáles son las leyes que aplican a los estudiantes extranjeros en Alemania, con respecto a trabajar en Alemania y pago de impuestos y todo eso. No podían ser mejores las noticias: basta con ser estudiante y sí, uno tiene derecho a trabajar hasta 120 días en horario completo, o 240 medio tiempo, sin necesidad de pedir ningún tipo de autorización o realizar ningún otro tipo de trámite, ¿qué tal? Es como haber entrado al país por la puerta grande, ¿sabes? ¡Sale mucho mejor que casarse! Y definitivamente más barato.  

 

Ahora, para responder a la pregunta que dejé suelta en el aire: no, no escuché la novena 9 veces, porque la novena sinfonía de Beethoven no es cualquier pieza musical. No puedo escucharla como escucharía a Tchaikovsky o a Liszt, cosa que hago mientras leo artículos de journals o mientras preparo una ensalada de atún para que el Chino no me castigue, oh no… La novena de Beethoven, desde la primera nota, me sienta en un banco, o en el borde de mi cama, y me atrapa como una novela de Jane Austen, y simplemente tengo que escuchar, sólo eso, sin hacer nada más, mientras vivo y revivo el mensaje que Beethoven transmite.

 

          Se trata, por supuesto, de una de las composiciones más elevadas dentro de su género; según yo no hay nada que la supere. Una obra artística, una pieza maestra que existe para demostrar a los escépticos que la evolución no puede ser posible, que los seres humanos fuimos creados y provenimos de una inteligencia muy superior, y que la cualidad principal de ese creador es el amor; de hecho, el mensaje principal que transmite la novena sinfonía es que algún día en el futuro todos los seres humanos adorarán al padre juntos como hermanos, y de la manera más hermosa posible, las voces de los cantantes y las frases del coro invitan, o mejor dicho, suplican a quienquiera escuche a que se reconcilie con Dios.

 

Yo estaba meditando en que si el concierto de Rachmaninov te desbarata, la novena sinfonía de Beethoven te destroza por dentro; pero es un destrozo necesario, y si tú tienes luego la suerte de entender por qué, entonces suspiras hondo, no eres capaz de decir nada más, porque sabes que en algún otro momento lo volverás a experimentar. Y fue por eso, porque no puedo sufrir tanto en tan poco tiempo, que solo escuché la novena dos veces durante esta semana, y para variar, volví a llorar, porque la novena siempre me hace llorar.

Pero luego estoy bien, Gioia… Y aunque no creo que escuches la novena por voluntad propia, si de casualidad lo haces, te recomiendo que cuando eso pase,  procures no tener absolutamente más nada que hacer, y apagar el celular y arréglatelas para que no te interrumpa nadie… Quizás, sólo así podrás entender lo que quiero decir; eso de reconciliarse con el Creador. Beethoven lo expuso bien en su testamento de Heiligenstadt, el cual, por cierto, lo puedes bajar de la internet traducido a tu idioma.

 

Me tengo que ir de nuevo, Gioia, porque por culpa de andar visitando museos de historia en Berlín, ahora estoy atrasada con una tarea que debo entregar en menos de dos días y es complicada.

 

Te envío una foto mía reciente.

Te envío la foto de los elefantes, aunque estoy segura de que tú debes conocer ese lugar.

Y te envío además un extracto del Testamento de Heiligenstadt de Beethoven. Pobrecito, lo escribió cuando comprendió que su sordera no tenía remedio y se encontraba muy triste.

 

Te mando un abrazo inmenso,

 

Elea Theodore

 

 

Porción del Testamento de Heiligenstadt de L.V. Beethoven

 

¡Oh, hombres que me juzgáis malevolente, testarudo o misántropo! ¡Cuán equivocados estáis! Desde mi infancia, mi corazón y mi mente estuvieron inclinados hacia el tierno sentimiento de bondad, inclusive me encontré voluntarioso para realizar acciones generosas, pero, reflexionad que hace ya seis años en los que me he visto atacado por una dolencia incurable, agravada por médicos insensatos, estafado año tras año con la esperanza de una recuperación, y finalmente obligado a enfrentar el futuro una enfermedad crónica (cuya cura llevará años, o tal vez sea imposible); nacido con un temperamento ardiente y vivo, hasta inclusive susceptible a las distracciones de la sociedad, fui obligado temprano a aislarme, a vivir en soledad, cuando en algún momento traté de olvidar es, oh, cuan duramente fui forzado a reconocer la entonces doblemente  realidad de mi sordera, y aun entonces, era imposible para mi, decirle a los hombre, habla mas fuerte!, grita!, porque estoy sordo…
entonces perdonadme cuando me veáis retirarme cuando yo me mezclaría con vosotros con agrado, mi desgracia es doblemente dolorosa porque forzosamente ocasiona que sea incomprendido, para mi no puede existir la alegría de la compañía humana, ni los refinados  diálogos, ni las mutuas confidencias…  y entonces soporté esta existencia miserable – verdadera mente miserable… Forzado ya a mis 28 años a volverme un filósofo, oh, no es fácil, y menos fácil para el artista que para otros – Ser Divino, Tu que miráis dentro de lo profundo de mi alma, Tu sabes, Tu sabes que el amor al prójimo y el deseo de hacer el bien, habitan allí. Oh, hombres, cuando algún día leáis estas palabras, pensad que habéis sido injustos conmigo.
Adiós y no me olvidéis completamente cuando este muerto, merezco eso de ustedes, habiendo yo pensado en vida tantas veces acerca de cómo hacerlos felices, sedlo –

Heiligenstadt. Octubre 6, 1802

 

 

foto mau nov

 

 

Elephants in Tailand

 

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