carta 5 a Gioia

Carta N° 5 (Sem 5 de Oct. 2013)

Querida Gioia:

 Comienzo a escribir esta nota desde una de mis clases de Estudios Culturales. Luego del tour que tuvimos en Berlín, estamos hablando sobre el memorial del holocausto y hay posturas a favor y en contra, simplemente porque existe otro lugar mucho más emblemático que esa especie de cementerio posmo in honorem a los millones de judíos muertos que visitamos en Berlín. Y ese lugar más emblemático, coincidencialmente un lugar declarado patrimonio de la humanidad, es Auschwitz, el campo de concentración. Y yo no he ido a Auschwitz todavía ni sé si vaya en mucho tiempo, porque sé que lloraré un montón cuando vaya; es más, la primera vez que visité Berlín en el 2007 no quise ir donde los restos del muro, porque no quería llorar, pero el sábado pasado luego de mi tour, ¡Plaf! Me consigo con los restos del muro así puestos en el borde de un edificio posmoderno espectacular y en frente de una estación de trenes que parece una base lunar, simplemente sin buscarlos, y el montón de turistas en derredor. ¡Wow! Yo me dije: “ahhhh… así que esto es lo que queda del muro”, pero los turistas no me permitieron tener un momento digno de mucha reflexión, además que iba con hambre, con frío y con prisa.

 

Estoy en Alemania, Gioia, y he leído bastante sobre la historia de la guerra, sobre el holocausto y sus consecuencias, sobre todo por el hecho de que muchos de mis hermanos espirituales, siendo alemanes, fueron puestos en campos de concentración porque se negaban a darle gloria a los Nazis; he visitado museos históricos y he sufrido al meditar en todo lo que pasó, de lo que me he enterado, y aún de lo que me imagino que pasó pero no estoy segura ni quiero estarlo… Todo esto lo sé aún desde antes de comenzar a aprender el idioma con el que se daban las órdenes para exterminar a miles, a millones de seres humanos; sé que fue horrible, sé que fue una de las mayores tragedias que los hombres llevamos sobre las espaldas, en colectivo. Pero aún sabiendo todo lo que sé, y teniendo fe en Dios, sabiendo que hubo razones de peso para permitirlo, y sabiendo que en el futuro todos los que murieron volverán a vivir, aún así no puedo dar una sola opinión en clase; no puedo.

Los escucho hablar a ellos, y discuten todos intensos sobre si el monumento debería estar o no en la lista de Patrimonios de la humanidad, porque el arquitecto del monumento en Berlín era judío, y el monumento nos hace meditar en lo ocurrido en la guerra, etc. Yo escucho así como escuché atenta al profesor Schuster cuando hicimos la gira y nos detuvimos a recordar la cruel historia, pero no logro pensar en algo válido que aportar, porque no creo que entiendan, porque es muy complejo y en una sola clase no lo podrían entender, ni yo tendría las palabras apropiadas en una lengua extranjera para explicarlo.

 

Luego he venido a mi casita de estudiante y ando algo compungida porque tengo gripe y porque mis parientes me cuentan que la inflación en Venezuela está cada vez peor y la comida muy cara y los que desean mudarse no tienen a dónde ir, y una de mis amigas se quiere divorciar porque su esposo es malvado… Y mi hijo está triste porque me extraña, y yo me siento rara porque no he podido salir a predicar formalmente aquí en Cottbus porque he tenido en dos semanas consecutivas, las dos semanas en que no pude escuchar a Beethoven, clases los sábados!!!  Y sigo pensando en el holocausto y simplemente no tengo ninguna idea de qué cosa pude haber aportado a la discusión sobre el monumento judío.  

 

Mi carrera se llama Estudios Patrimoniales de la Humanidad y en esta nueva carrera voy a aprender lo necesario para conservar el patrimonio de la humanidad, aquello que no “deberíamos” olvidar (de nuevo, en colectivo), pero en el fondo de mi corazón, no es que quiera olvidarlo, sino que lo que más deseo es pasar la página para hacer algo distinto… Lo que sueño casi todas las noches es que llegue el reino de Dios y que por fin haya paz y justicia en la tierra, no por manos de instituciones humanas, o movimientos supuestamente revolucionarios, sino porque Jesucristo, que es el rey nombrado, componga todas las cosas que se deben componer, y por fin los muertos sean resucitados, todos, aún los millones muertos durante la guerra. Un mensaje tan básico, un futuro aparentemente tan sencillo se perfila con claridad en la Biblia y se resume en pocos versículos. Y eso para mí es tan valioso que constituye toda mi esperanza e ilumina todos mis pensamientos futuros.

Sin embargo, mientras tanto, se supone que debo estudiar cómo gerenciar museos, instituciones culturales; como promover los espacios que por su extraordinario significado simbólico inciten a la meditación, se supone que debo aprender cuáles son los mecanismos para proteger legado humano tangible o intangible, pero de nuevo, ¿Cómo explicarles a mis compañeros que nada de eso importa demasiado porque de acuerdo con el propósito de Dios, todo ese legado humano imperfecto tiene que desaparecer para dar cabida a algo infinitamente superior? ¿Cómo hacerles entender a un grupo de 50 personas de todas partes del mundo con toda clase de ideas preconcebidas y credos que sería más, mucho más maravilloso, dejar que todo eso sea destruido, y comenzar desde el punto donde todos sepamos que no por nuestras manos hemos alcanzado tal y tal cosa, sino que hemos sido dignos de merecer las bondades gloriosas de Jehová Dios? Además que la mayoría de las personas no saben que el nombre de Dios es Jehová, o no quieren creerlo.

Yo supongo que pude haber dicho que los monumentos al holocausto, incluyendo Auschwitz, perderán todo su sentido cuando los muertos resuciten, y a mí no me cabe ninguna duda de que resucitarán. Pude haberlo dicho, aunque se rieran de mí, lo que no me habría importado demasiado; otras veces he predicado en público o he dicho alguna verdad que aparece en la Biblia a un grupo grande donde nadie puede replicar porque no han leído la Biblia, y yo, por mi parte, no siento demasiado temor de hablar en público, ni mucho menos de defender mi fe… Es sólo que en ese momento no se me ocurrió.

  

Veras, Gioia mía, creo que también es justo comentarte que estos sentimientos de arraigo y desarraigo sobre todo con cosas simbólicas constituyen una lucha constante conmigo misma, porque a mí me gusta la historia, me gusta decorar y reconstruir cosas. Me gusta, me encanta preservar objetos, textos e ideas, si considero que son buenos, porque a veces sufro de melancolía, y me da miedo olvidar que esas cosas constituyen también la persona que yo soy. Se trata, pues, de una cuestión de identidad.

Y te cuento brevemente que una vez me leí un libro de Miguel de Unamuno, donde él examinaba un poco metafísicamente aquello de la identidad propia, pues Unamuno se crió dentro de un contexto católico y a él se le enseñó algo de la “Vida Eterna” en el cielo, donde supuestamente los humanos pasan convertidos en ángeles y cambian. Yo nunca he sido católica y no tengo idea de cómo enseñan eso las iglesias, pero Unamuno discutía en su ensayo que si le ofrecían esa vida eterna en esas condiciones donde no pudiera reconocerse más a sí mismo entonces no la quería, puesto que él no deseaba morir, sino en efecto, vivir para siempre, pero siempre siendo Miguel de Unamuno y no otra persona, sustancia o espíritu. Yo me dije, mientras leía el libro, “¡pero claro! Tiene todo el sentido del mundo. Si uno muere y luego resucita no recordando quien era, ¿qué sentido tiene?”, de ahí que también pienso que los que creen en la reencarnación están fritos, porque supuestamente uno re-encarna en otra persona, animal o cosa, y obviamente no puede recordar su vida anterior. Es absurdo y no está en concordancia con como la Biblia explica que es la personalidad de nuestro creador. Cualquier persona que haya leído la Biblia al menos una vez puede darse cuenta de que una de las principales cosas que Dios valora de los seres humanos (su propia creación), una de las principales cosas que respeta de los humanos es la identidad de cada uno de ellos, y la libertad que tienen para escoger. Así nos ha creado y aunque eso implica que por eso mismo estamos así, porque Adán y Eva pecaron por voluntad propia y Dios no se los impidió, aún así es un privilegio y un alivio saber que podemos gozar de esa libertad y de seguro la tendremos en el futuro, en un futuro maravilloso aquí en la tierra, incluyendo a los que resuciten, que resucitarán para vivir en la Tierra convertida en un paraíso, como siempre debió haber sido.  

En todo caso, volviendo a mi conflicto personal, el detalle conmigo está en que me gusta preservar las cosas y hacerme con un estilo de vida que pueda mantener tanto tiempo como sea posible; hacerme con afectos y amores que también pueda mantener siempre, y preferiblemente no cambiar demasiado para poder disfrutarme a mí misma, cuando por fin siento que puedo disfrutarme a mí misma, pero sé que tal como dijo Salomón, todo ello es vanidad y un esforzarse tras el viento… Lo sé, pero no lo puedo evitar.  

Mi personalidad hace que me guste mucho lo que estoy estudiando, porque esta nueva carrera combina estas áreas del conocimiento con las que yo siempre me he ocupado: la historia, el arte, las humanidades y los idiomas… Y me gusta y me siento feliz haciendo esto que hago, pero sé que al final no tiene mucho sentido ni valor, porque todas estas cosas tienen que pasar. Porque es mejor, mucho mejor que llegue el reino de Dios. Porque aunque lográramos preservar el legado de la humanidad, no tiene sentido mientras la humanidad sigue muriendo y en otros países haya tanta hambre y miseria y tanta injusticia.

En línea general, Alemania se salva bastante bien del hambre o de la miseria, pero no de la injusticia. Ningún lugar sobre la faz de la tierra es justo; en todas partes hay maldad.

Y todo lo malo que está ocurriendo aún hasta hoy, todo eso que va mucho más allá que gerenciar museos, todo eso se nos escapa de las manos a todos y sólo la intervención divina lo podrá reparar.

Y así pues, siendo cristiana como soy, queriendo además ser una mejor cristiana de lo que soy, siento que debería invertir más tiempo en anunciar estas verdades antes que en darme gusto y estudiar humanidades, pero de nuevo… parece que no lo puedo evitar. Tengo que aprender algo y trabajar duro para mantenerme a mí misma cuando todo es extremadamente caro y yo vengo de una familia pobre. Tengo que hacer estas cosas mientras espero a que se cumplan las profecías bíblicas. Tengo que conseguir luego un empleo que me guste porque la traducción ya no me gusta; y por ahora tengo que pagarme también el gran privilegio de vivir sola en un lugar donde todos los días puedo ver cómo las hojas de los árboles caen desde mi ventana.

 

¡Estoy atrapada en Alemania, Gioia! Pero estaría todavía más atrapada en Venezuela, así que mejor dejo ya de sentirme culpable y seguiré haciendo lo mejor que puedo en cada uno de los roles que me toca asumir. De todas formas, igual tengo libertad para predicar cuando es pertinente, y lo hago, aún informalmente. Así pues, no soy sino una cristiana normal, que predica de vez en cuando, trabaja de vez en cuando, se divierte de vez en cuando y estudia casi que todo el tiempo. Perdóname tanto conflicto existencialista. Vamos a echarle la culpa a Unamuno.

Me despido, además, porque ya escribí demasiado sin decir demasiado. En esta semana que justo ha terminado tampoco pude escuchar a Beethoven, no pude practicar las canciones que me estoy aprendiendo, ni pude hacer deporte cuando deseaba comenzar a hacer algo de deporte… Me imagino que fue porque la rutina me ha absorbido como al resto de las personas normales. La única cosa que sí puedo comentarte, que me devuelve a la persona que tú has conocido, es que pude ir a predicar formalmente el sábado, aunque nadie escuchó una palabra, y que me pude leer tres capítulos de la novela de Kazuo Isiguro que me estoy leyendo. No te hablaré de la novela porque es demasiado posmo y yo misma no la podría resumir, pero sé que de ella hicieron una película. Luego te digo cómo se llama la película, pues quizás desees verla.

Me despido con cariño, Gioia. Me hace falta hablar contigo.

 

Muchos saludos a tus parientes,

 

Elea Theodore

 

p.d.

Te mando fotos de los árboles desde mi ventana y del cementerio judío en Berlín, o sea, el monumento tipo cementerio in honorem a los judíos.

 

 

2013-10-18 09.39.23

 

 

cementerio judio

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s